Quiénes somos

SÍNTESIS HISTÓRICA

 Iglesia Metodista de México, A. R., es una Iglesia cristiana en la cual se predica la Palabra de Dios y se administran debidamente los sacramentos. Pertenece al gran movimiento Metodista que actualmente es una de las ramas más importantes del protestantismo. El Metodismo surgió en el seno de la Iglesia Anglicana del siglo XVIII que a su vez tuvo su antecedente en la Reforma Protestante del siglo XVI.

I.  EL  METODISMO  EN  LA  GRAN  BRETAÑA

 

El movimiento Metodista se inició con el gran avivamiento evangélico que conmovió y transformó a la Inglaterra del siglo XVIII.

El Espíritu Santo usó como iniciador de este movimiento al Rvdo. Juan Wesley (1703-1791), presbítero de la Iglesia oficial y catedrático asociado en la ciudad universitaria de Oxford. Nació en un hogar esmeradamente piadoso, fue criado en un ambiente de austeras costumbres y elevados ideales y se educó en el Colegio de Christ Church y el Lincoln en Oxford. El joven Juan Wesley, como un segundo Saulo de Tarso buscaba afanosamente, pero en vano, la satisfacción espiritual mediante el estricto cumplimiento de las reglas de la religión y las ordenanzas de la Iglesia.

La crisis de su vida se efectuó en una reunión de oración celebrada en una casa  de las calles de Aldersgate, en Londres, el 24 de mayo de 1738. Pasó por la experiencia paulina de que no es por el propio esfuerzo, por muy sincero o intenso que sea, que el hombre alcanza la vida y la paz, sino por la gracia de Dios en Cristo Jesús mediante la fe personal. Fue tan intensa la experiencia de su conversión evangélica que él mismo sintió que su corazón ardía con un fuego extraño. Lo que sucedió aquella noche Juan Wesley lo expresa en su Diario con las siguientes palabras: “Siento que en verdad confío solamente en Cristo para ser salvo; y me ha sido dada la certidumbre de que Cristo me ha redimido de mis propios pecados, y que me salva de la ley del pecado y de la muerte”.

Wesley inmediatamente comenzó a proclamar a otros el evangelio que él mismo había experimentado tan vehementemente; primero a sus compañeros que buscaban su ayuda, y luego a círculos más amplios que lo llevaron a todas partes de la Gran Bretaña.

Su mensaje tenía dos rasgos muy señalados, los mismos que siguen caracterizando al Metodismo hasta el día de hoy: Primero estaba el evangelio de la gracia de Dios, ofrecido a todo el género humano por igual, y suficiente para todas sus necesidades. En seguida estaba el ideal moral que este evangelio presenta a la humanidad. “La Biblia, afirmaba él, no sabe otra salvación que no sea la salvación del pecado”. Wesley llamaba a la gente a la santidad de vida y esta santidad, insistía él, es “santidad social”, que se expresa en el amor y el servicio a los semejantes. El Metodismo era “Cristianismo en verdad”.

Wesley jamás pensó organizar una nueva Iglesia. En su obra él siguió, igual que Pablo, la clara dirección de Dios: Primero, de predicar el evangelio a las clases más menesterosas y que no eran atendidas por la Iglesia oficial ni por su clero; y segundo, de cuidar de aquellos que se iniciaban en la vida cristiana.

Los trabajos de Juan y Carlos Wesley fueron bendecidos por excepcional influencia divina. Otros eminentes ministros anglicanos como Jorge Whitefield (1714-1770), y Juan Fletcher (1729-1785) se unieron con ellos en la gran empresa de convertir a los pecadores al servicio de Dios; todo esto por medio de constante oración, incesante predicación e infatigable actividad. En los cincuenta años de su ministerio itinerante, Juan Wesley viajó 400,000 kilómetros y predicó más de 50,000 sermones; mientras que Carlos Wesley compuso cerca de 6,000 himnos; en el caso de Whitefield, además de extensas giras por todo el Reino Unido, hizo siete viajes de evangelización a la América del Norte, y en sus treinta y ocho años de servicio predicó unos 18,000 sermones; y Fletcher, el vicario de Madeley, admirablemente demostró en su propia vida la excelencia de la santidad expresada en amor y rectitud.

Gradual y vigorosamente, el Metodismo llegó a ser el gran movimiento religioso que sacudió y regeneró a Inglaterra. Wesley organizó a sus seguidores en grupos, clases y sociedades. Redactó las Reglas Generales a fines de 1739, cuando se habían organizado los primeros grupos Metodistas que él llamó sociedades. Aunque estas Reglas contienen algunos preceptos de otro contexto, se presentan más adelante en su forma original porque son la expresión de un elevado concepto de conducta cristiana. Es importante decir que él nombraba a los directores de dichas sociedades.

Wesley también halló varones listos a predicar el Evangelio a las masas, lo mismo en las calles y en los campos abiertos, que en casas particulares; estos varones no eran ministros ordenados, sino predicadores laicos o “predicadores locales” como se les llamó. El los elegía, les enseñaba tareas específicas e inspeccionaba sus trabajos. Una vez al año, a partir de 1744, reunía a todos, ministros y laicos, para celebrar juntos una Conferencia cuyo objeto era el revisar la obra, a la vez que hallar inspiración espiritual.

La primera Conferencia se reunió en la capilla de la Fundición en Londres, junio 25-30, donde quedaron aceptadas las Reglas de Conducta de los Predicadores; las Recomendaciones para el Culto, presentadas por el mismo Juan Wesley, fueron aprobadas durante las sesiones de 1746; y las Preguntas a los Candidatos al Pastorado, pasaron idéntico proceso en el período de sesiones de 1747. El texto de los tres documentos aquí citados se incluye más adelante en la sección de Ministerio Cristiano, que se encuentra dentro de la Legislación General de la Disciplina.

En Wesley convergían de manera extraordinaria tres facultades. Una era la evangelización, que expresó  muy acertadamente con la frase “el mundo es mi parroquia”; sus predicadores iban al pueblo sin esperar que el pueblo viniera a ellos, y Wesley mismo conocía los caminos y las veredas de Inglaterra mejor que cualquier otro en sus tiempos. La segunda era la organización y la administración, por cuyo medio se conservaban los frutos de la predicación y se extendía el radio de influencia del Evangelio. La tercera era su aprecio por la educación y la página impresa: convirtió a la imprenta en la sierva de la Iglesia, y fue el iniciador de la circulación en masa de libros baratos y de folletos y periódicos fácilmente accesibles al pueblo.

Así, por toda Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda, se formaron las primitivas Sociedades Unidas, cada una de las cuales era una compañía de personas que teniendo y buscando el poder de la santidad se reunían para orar juntos, para recibir la palabra de exhortación y para vigilarse mutuamente en amor, a fin de ayudarse uno a otro en la obra de su salvación. (Juan Wesley)

Estas Sociedades Unidas constituyen el poderoso movimiento Metodista que tantos triunfos ha logrado y sigue alcanzando en el Reino Unido de la Gran Bretaña. En 1795, cuatro años después de la muerte de Juan Wesley, este movimiento se independizó de la Iglesia Anglicana. Después se dividió en varios grupos; pero en 1932 se unificaron las diversas ramas del Metodismo británico.

II. EL METODISMO EN LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMERICA

 

1. LOS PRINCIPIOS

En el año de 1766, Felipe Embury, predicador local oriundo de Irlanda, empezó a predicar en la ciudad de Nueva York, y formó una Sociedad Metodista, que hoy día es la Iglesia de la Calle John. Otro predicador local, Tomás Webb, capitán del ejército británico, se unió a Embury y predicó en esa y otras ciudades. Por esos tiempos, Roberto Strawbridge, procedente de Irlanda, se estableció en el condado de Frederick en la colonia de Maryland y comenzó a predicar y a organizar Sociedades.

En 1769 el señor Wesley envió dos predicadores itinerantes a América: los  Reverendos Ricardo Boardman y José Pilmoor; y en 1771 envió a otros dos, los Reverendos Roberto Wright y Francisco Asbury, quien llegó a ser el más grande adalid del Metodismo norteamericano.

El Metodismo se adaptaba providencialmente a la vida de la incipiente nación americana. Los predicadores itinerantes servían al pueblo, como no podía hacerlo un ministro: porque predicaban el Evangelio, visitaban los establecimientos diseminados en el vasto territorio de las colonias, acudían a los hogares escondidos en los bosques, seguían la marea de la migración rumbo a los territorios del oeste, fundaban Sociedades, establecían puntos de predicación y los organizaban en circuitos. La obra así iniciada fue notablemente bendecida por Dios, de tal manera que al terminar la guerra de independencia, había cerca de 80 predicadores itinerantes y alrededor de 15,000 miembros en las Sociedades Unidas.

Con la consumación de la independencia de los Estados Unidos en 1783, los Metodistas norteamericanos, que en su mayor parte eran miembros de la Iglesia Anglicana, se hallaron – según la declaración del Sr. Wesley- “Totalmente desligados tanto del Estado Inglés como de la jerarquía anglicana”; y después agregó: “Ahora tienen la completa libertad para seguir las Escrituras y a la Iglesia Primitiva; y juzgamos que lo mejor para ellos es que permanezcan firmes en aquella libertad con que Dios los ha hecho libres de manera tan extraordinaria”.

Los Metodistas norteamericanos, como consecuencia de la emancipación nacional, carecían de número suficiente de ministros ordenados para desempeñar la obra Pastoral y administrar los sacramentos. Entonces acudieron a Wesley en demanda de consejo y auxilio, éste suplicó al Obispo de Londres que confiriera las órdenes sagradas a algunos de los predicadores Metodistas que no las tenían, pero el prelado inglés se negó. Como resultado de esto Wesley decidió ordenar él mismo como presbíteros para los Estados Unidos de Norteamérica a los señores Ricardo Whatcoat y Tomás Vassey. Puesto que Wesley prefería la forma de gobierno eclesiástico episcopal, por la oración y la imposición de manos consagró como superintendente para presidir la “grey de Cristo”, al Reverendo Tomás Coke que era doctor en Derecho Civil y presbítero de la Iglesia Anglicana. En estos actos Wesley fue ayudado por otros ministros ordenados. También comisionó al doctor Coke para que consagrara como superintendente asociado al Reverendo Francisco Asbury, quien entonces era el ayudante general de las Sociedades en Norteamérica. Wesley también preparó unos Artículos de Religión y un Servicio Dominical, extractándolos del Libro de Oración Común de la Iglesia Anglicana, e incluyó igualmente una forma para la administración de los sacramentos y la ordenación de ministros. Junto con todo esto, también envió una colección de salmos e himnos.

En la llamada Conferencia de Navidad, que se inauguró en Baltimore, estado de Maryland, el día 24 de diciembre de 1784, se reunieron sesenta ministros con el doctor Coke y sus compañeros. La decisión de Wesley de dejarlos en libertad para que se organizaran como ellos mejor lo creyeran, fue sometida a la consideración de todos, y fue cordialmente aprobada por unanimidad. Enseguida fundaron y organizaron un nuevo cuerpo eclesiástico con el nombre de Iglesia Metodista Episcopal, y se adoptaron los Artículos de Religión y el Servicio Dominical preparados por Wesley. Añadieron a los artículos uno en que se reconocía al nuevo gobierno civil, e insertaron en el ritual una plegaria en favor de las autoridades supremas de los Estados Unidos. También promulgaron las leyes para el gobierno de la nueva Iglesia, reconocieron como obispo al Reverendo Tomás Coke, y luego eligieron como obispo adjunto al Reverendo Francisco Asbury, el cual fue consagrado como tal por el doctor Coke ayudado por varios presbíteros. También en esta misma ceremonia tres personas fueron ordenadas presbíteros y otros diáconos; dos de ellos para la obra misionera de la Nueva Escocia, y uno para la misma labor en la isla de Antigua, de las Indias Occidentales Británicas.

Tal fue el origen de la Iglesia Metodista Episcopal. Esta continuó trabajando con santo fervor y creciendo asombrosamente en número y vigor. Ejemplo de esta singular actividad la hallamos en el obispo Francisco Asbury: en los cuarenta y cinco años de su ministerio en los Estados Unidos, predicó unos 16,500 sermones, viajó 532 mil kilómetros, presidió no menos de 224 Conferencias Anuales y ordenó cuando menos cuatro mil ministros. El año de su consagración como obispo, 1784, la Iglesia Metodista contaba con unos 15,000 miembros; en el año de su fallecimiento en 1816, esta Iglesia tenía más de 214,000 miembros y unos 700 predicadores itinerantes y 2,000 predicadores locales.

2. LA SECESIÓN

En 1828, un grupo de Metodistas sinceros y piadosos, movidos en la mayor parte por la insistencia sobre la necesidad de la representación de los laicos, se independizó y se constituyó en la llamada Iglesia Protestante Metodista.

En 1844 surgió otra división. La causa fue, según unos, la cuestión de la esclavitud; y según otros, un conflicto constitucional respecto de los poderes episcopales. En la Conferencia General celebrada ese año se acordó el plan de separación. El día primero de mayo de 1845 se reunieron en Louisville, estado de Kentucky, los representantes oficiales de catorce Conferencias Anuales del Sur de los Estados Unidos. Esta Conferencia Constituyente procedió a establecer la llamada Iglesia Metodista Episcopal del Sur. La primera Conferencia General de esta nueva Iglesia se reunió en Petersburgo, estado de Virginia, en mayo de 1846.

Tanto la Iglesia Protestante Metodista como la Iglesia Metodista Episcopal del Sur, conservaron los postulados arminianos, las doctrinas wesleyanas, los usos peculiares y la organización general de la Iglesia Metodista Episcopal.

 

3. LA UNIFICACIÓN

La Iglesia Metodista Episcopal logró muchas y señaladas victorias en el evangelio de Cristo Jesús; se desarrolló notablemente en los Estados Unidos y su labor misionera se extendió por todo el mundo. La Conferencia General de esta Iglesia, reunida en Columbus, Ohio, en mayo de 1936, aprobó por una gran mayoría de votos el llamado Plan de Unión.

La Iglesia Protestante Metodista tuvo poco más de un siglo de vida digna y de fruto abundante en el reino de Dios. Con la convicción de que había desaparecido el conflicto que la llevó a la independencia, también esta Iglesia aprobó por aplastante mayoría de votos el Plan de Unión.

La Iglesia Metodista Episcopal del Sur ministró especialmente en los estados meridionales de la Unión Norteamericana y sus labores se extendieron hasta  cubrir muchos países. El 13 de abril de 1938 su Conferencia General también aprobó por gran mayoría de votos el Plan de Unión.

Así pues, en la llamada Conferencia Unificadora, reunida en Kansas, estado de Missouri, el 10 de mayo de 1939, se declararon unidas en una sola. La Iglesia Metodista Episcopal, la Iglesia Metodista Episcopal del Sur y la Iglesia Protestante Metodista formaron un cuerpo eclesiástico consolidado, que llevó desde entonces el nombre oficial de Iglesia Metodista.

4. NUEVA UNIFICACIÓN

La Iglesia Evangélica de los Hermanos Unidos surgió de la alianza de la Iglesia conocida como Hermanos Unidos en Cristo (grupo fundado por Philip William Otterbein) con la Iglesia Evangélica (fundada por Jacobo Albright). Ellos trabajaron entre gente de habla alemana, pero con énfasis en una experiencia personal y con semejanzas estructurales e históricas que los emparentaban con los Metodistas.

La Iglesia Metodista, continuando con ese espíritu de apertura a la voluntad y dirección del Señor, celebró otra Conferencia de Unificación en Dallas, Texas, del 21 de abril al 4 de mayo de 1968, en la que se unió formalmente con la Iglesia Evangélica de los Hermanos Unidos. Fue así como surgió la actual Iglesia Metodista Unida.

 

III. EL METODISMO EN LA REPÚBLICA MEXICANA

 

1. LOS PRINCIPIOS

 

A. LA IGLESIA METODISTA EPISCOPAL (NORTE)

Después que la Junta de Misiones de esta Iglesia estableció labores evangélicas en quince países, tanto en los grandes imperios de Oriente, como en Europa, África, América del Sur y las Islas del Océano Pacífico, decidió establecer la obra misionera en la República Mexicana.

Para tal empresa fue nombrado el Dr. Guillermo Butler, quien en 1856, había fundado la obra Metodista en la India. Como él no pudo partir inmediatamente, el obispo Mateo Simpson pidió al obispo Gilberto Haven visitara México y le informara acerca de las perspectivas del trabajo. El obispo Gilberto Haven viajó como pasajero del primer ferrocarril que corrió del puerto de Veracruz a la capital mexicana. Llegó a la ciudad de México en la Navidad de 1872, y regresó a su país en marzo de 1873. En su informe dijo que la oportunidad era brillante.

El 21 de febrero de 1873 llegó Guillermo Butler a la ciudad de México. De una manera providencial logró comprar el edificio de la calle de Gante No. 5, y en la Navidad de 1873 ese edificio fue dedicado al servicio público de Dios. Así fue fundada la obra de la Iglesia Metodista Episcopal en la República Mexicana.

Guillermo Butler halló en México un buen número de personas que ya eran protestantes prominentes. Entre ellas se cuenta a los ex sacerdotes católico-romanos Agustín Palacios y José María González; también es muy digno de mención el eminente Dr. Marcelino Guerrero. Al fundarse la obra evangélica Metodista, todos ellos se unieron de buen grado y sirvieron fielmente al Señor.

Puebla, Pachuca, Orizaba, Querétaro, Guanajuato y Oaxaca, fueron las primeras ciudades a las que se extendió la obra Metodista. Pronto surgieron en ellas congregaciones florecientes, templos magníficos y escuelas excelentes. La sangre de los mártires fecundó esta labor porque el fanatismo romanista llegó hasta el crimen en su afán de combatir a esta nueva fe, y muchos evangélicos perecieron por causa de ella. El protomártir de los ministros Metodistas fue Epigmenio Monroy asesinado el 8 de abril de 1881, por exaltados romanistas en el camino de Apizaco a Santa Anita Huiloac, en Tlaxcala.

B.  LA IGLESIA METODISTA EPISCOPAL DEL SUR

El obispo Juan C. Keener llegó a la ciudad de México en enero de 1873, enviado por la Junta de Misiones de esta Iglesia. Hizo el viaje del puerto de Veracruz a la capital mexicana, en la tercera corrida del primer ferrocarril que unió ambas terminales. Inmediatamente el obispo Juan C. Keener inició sus labores de fundador. Mientras tanto, en las ciudades fronterizas del norte del país, y en otras ciudades norteñas, se empezó la obra de evangelización por misioneros y laicos de esta misma Iglesia. Los dos obreros que en aquellos tiempos primitivos hicieron más por la divulgación del evangelio en la frontera norte y en el centro del país fueron los Reverendos Alejandro H. Sutherland y Guillermo M. Patterson.

Tal como el Dr. Guillermo Butler halló protestantes mexicanos que luego se unieron a la Iglesia Metodista Episcopal, así también el obispo Keener encontró notables elementos protestantes, como los señores Alejo Hernández y Sóstenes Juárez, que con gran gozo se unieron a la Iglesia Metodista Episcopal del Sur y fueron distinguidos ministros de ella.

Toluca, el Oro, Guadalajara, San Luis Potosí, Monterrey, Saltillo, Nuevo Laredo, Torreón, Chihuahua, Cd. Juárez y Durango fueron las primeras ciudades a las que se extendió la obra Metodista sureña. Pronto se formaron en ellas prósperas congregaciones, se construyeron hermosos templos (como el bello santuario de la calle de Balderas No. 47, en la ciudad de México), y se establecieron instituciones docentes y de servicio social.

2. EL DESARROLLO

El 18 de enero de 1885, se organizó en la ciudad de México la I Conferencia Anual de la Iglesia Metodista Episcopal, que fue presidida por el obispo Guillermo L. Harris, con 18 Pastores y 1,209 miembros en plena comunión. Al celebrarse las bodas de plata en la Conferencia Anual de 1898, bajo la presidencia del obispo Jaime N. Fitzgerald, había 26 Pastores y 4,094 miembros en plena comunión. Cuando se celebraron las bodas de oro en la Conferencia Anual de 1923, bajo la presidencia del obispo Guillermo F. Oldham, había 46 Pastores y 9,652 miembros en plena comunión.

El 29 de octubre de 1885 se organizó la primera Conferencia Anual de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur, bajo la presidencia del obispo Holand N. McTyre, que incluyó los estados de Chihuahua, Durango, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. El 25 de febrero de 1886 el obispo Keener organizó y presidió la I Conferencia  Anual que abarcó los estados del centro. Esta se organizó en seis distritos: México, San Luis Potosí, Puebla, Toluca, Morelos y Guadalajara. En ese mismo año de 1886, ambas Conferencias Anuales tenían 58 ministros, 18 predicadores locales, 113 lugares de predicación, 3,332 miembros en plena comunión y 122 escuelas dominicales. De 1886 a 1918 se celebraron 32 períodos de sesiones de Conferencias Anuales. En la segunda mitad de ese período, la Iglesia Metodista Episcopal del Sur se distinguió por su excelente y profusa producción de literatura religiosa. En esta magna tarea cooperaron brillantemente los profesores Andrés Osuna y Primitivo A. Rodríguez, entre otros.

3. LA NUEVA DISTRIBUCIÓN TERRITORIAL

En 1917, las principales denominaciones evangélicas que tenían trabajo en la República Mexicana, firmaron y aprobaron el llamado Plan de Cincinnati, por haber sido formulado en la ciudad de ese nombre, en el estado de Ohio, de la Unión Americana. Según este convenio, fruto de profundos estudios, las denominaciones pactantes circunscribirían sus labores a determinadas jurisdicciones del territorio nacional. De esta manera no se duplicarían esfuerzos, se evitarían fricciones, se economizaría dinero y se haría una labor más eficaz. En este plan entraron ambas Iglesias Metodistas, junto con las grandes denominaciones evangélicas: Amigos, Congregacionales, Discípulos, Peregrinos, Presbiterianos y Presbiterianos Asociados Reformados. De este modo se pretendía una cooperación más fraternal.

La Iglesia Metodista Episcopal quedó limitada a los estados de Guanajuato, Querétaro, Hidalgo, México, Morelos, Puebla y Tlaxcala, además del Distrito Federal; y renunció a sus trabajos establecidos en los estados de Oaxaca y Veracruz. Por su parte, la Iglesia Metodista Episcopal del Sur renunció a sus labores establecidas en los estados del centro y quedó circunscrita a los estados de Chihuahua, Durango, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Esto significó dar de baja a buen número de miembros, además de la cesión de propiedades e instituciones.

Por otro lado, laudable consecuencia de este plan fue la fundación del Seminario Evangélico Unido, de la Casa Unida de Publicaciones, de la Imprenta respectiva, del Concilio Nacional Evangélico y del memorable periódico interdenominacional El Mundo Cristiano (para crearlo, la Iglesia Metodista Episcopal y la Iglesia Metodista Episcopal del Sur finiquitaron sus respectivos órganos oficiales: El Abogado Cristiano y El Evangelista Mexicano).

Los años de 1918 a 1930 fueron de reorganización y progreso. En 1923, ambas ramas del Metodismo celebraron con grandes festividades, pero cada una por su lado, sus primeros cincuenta años de vida. También fue muy brillante y de óptimos resultados la conmemoración del primer centenario del movimiento misionero de la Iglesia Metodista Episcopal. Este se celebró en México con un elaborado plan de 5 años (1919-1923) que incluyó actividades de evangelización, preparación de líderes, mayordomía cristiana, finanzas, producción y difusión de literatura cristiana, educación, servicio social, construcción de templos, fundación de nuevas instituciones y asuntos semejantes. Entre estas últimas, es muy digno de mencionar el establecimiento de la entonces llamada Sociedad Mexicana de Evangelización Nacional, y que hoy día lleva el nombre de Sociedad Misionera Mexicana. Lo mejor de todo fue que Dios estuvo con los suyos durante todo ese tiempo.

4. LA UNIFICACIÓN

En 1925 el obispo Jorge A. Miller, de la Iglesia Metodista Episcopal, redactó un proyecto de unificación de ambos Metodismos en la República Mexicana. En el bosquejo de este proyecto cooperó eficazmente el obispo Guillermo B. Beauchamp, de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur. Una vez que ambas ramas Metodistas aprobaron en principio, este plan, sus representantes oficiales se reunieron en Puebla, en febrero de 1926, a fin de elaborarlo mejor en todos sus detalles. De parte de la Iglesia Metodista Episcopal concurrieron el obispo Jorge A. Miller, los doctores R. F. Diffendorfer, Vicente Mendoza y J. P.Hauser y los Reverendos Raymundo A. Carhart, Epigmenio Velasco y Miguel Z. Garza; y de parte de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur asistieron el obispo Jaime Cannon, los doctores Rawlings y Rawls, la señorita Esther Case y el Reverendo Ezequiel B. Vargas.

Las Conferencias Generales de ambas Iglesias en los Estados Unidos, reunidas respectivamente en mayo de 1928 y mayo de 1930, tomaron los acuerdos encaminados a realizar la unión. Cada una de ellas nombró una comisión de cinco miembros presididas respectivamente por los obispos Jorge A. Miller y Warren A. Candler. Cada una autorizó a su respectiva Conferencia Anual en México a nombrar una comisión de cinco miembros presidida una por el Reverendo Epigmenio Velasco y la otra por el Reverendo Benjamín Fernández.

Estas cuatro comisiones oficiales se reunieron en la ciudad de México, los días 8 y 9 de julio de 1930; los 20 delegados fueron: los Obispos Jorge A. Miller y Francisco J. McConnel (ausentes), el doctor R. F. Diffendorfer, la señorita Julieta H. Knox y el señor F. S. Wallace (ausentes), los obispos Warren A. Candler y Samuel R. Hay, los doctores F. S. Onderdonk y O. E. Goddard, y el Reverendo C. A. Bickley; los Reverendos Epigmenio Velasco y José T. Ramírez, y los doctores Victoriano D. Báez, Vicente Mendoza y J. P. Hauser; y los Reverendos Benjamín Fernández, F. S. Montelongo, Edelmiro Espinosa, Josué de la Fuente y Juan N. Pascoe. Presidió el Obispo Candler. De esta manera se constituyó la Comisión Unificadora del Metodismo en México, la cual acordó siete asuntos principales:

Uno- La declaración de unificación y establecimiento de la Iglesia Metodista de México.

Dos- La forma como se integraría la primera Conferencia General de esta Iglesia.

Tres- Lugar y fecha de las sesiones de esta Conferencia General a la cual se le confería autoridad para definir su organización.

Cuatro- La autorización para elegir y consagrar un obispo, de la manera y en el tiempo que ella misma determinara.

Cinco- La autorización para que la Conferencia General enviara y recibiera delegados fraternales a y de las conferencias generales de la Iglesia Metodista Episcopal y de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur.

Seis- La creación de un Consejo de Cooperación que sirviera de vínculo entre las Iglesias progenitoras y la Iglesia Metodista de México.

Siete- La promulgación de la Constitución Fundamental de la nueva Iglesia que incluiría: a) Los Artículos de Religión; b) Las Reglas Generales; y c) Los Artículos de Organización y Gobierno.

Así, por la gracia de Dios, se reunió en la ciudad de México, el 16 de septiembre de 1930, en el templo de La Santísima Trinidad (Gante 5), la primera Conferencia General de la Iglesia Metodista de México; la cual legisló y reglamentó su primera Disciplina, formuló sus planes de trabajo y eligió y consagró a su primer obispo, en la persona del Rvdo. Juan Nicanor Pascoe Gómez.

5. LA NUEVA IGLESIA

La Iglesia Metodista de México inició su vida autónoma contando con una considerable herencia consistente en un extenso campo de congregaciones, numerosos templos, casas Pastorales, edificios y dependencias de las instituciones. El tesoro más grande, sin embargo, fue el tener la conciencia de ser una Iglesia autónoma, estar constituida por un gran número de Metodistas y contar con un cuerpo bien definido de Pastores y de obreros laicos.

La Iglesia se organizó en dos conferencias: La Conferencia Anual Fronteriza y la Conferencia Anual del Centro. Aquélla con dos distritos y ésta con tres. Los colegios, centros sociales, hospitales y hogares estudiantiles constituyeron un valioso instrumento de la Iglesia para la expansión de su testimonio. Toda esta obra era sostenida y dirigida en su mayor parte con fondos y personal misionero.

Debe observarse, sin embargo, que para continuar su funcionamiento se necesitaba de recursos humanos y económicos que sobrepasaban la capacidad de la Iglesia nacional. La situación se había agravado desde la depresión económica de 1929, esto obligó a la Junta de Misiones de los Estados Unidos a disminuir considerablemente los fondos misioneros y a retirar a un buen número del personal. La prueba fue difícil para la Iglesia Metodista de México en esos primeros años de vida autónoma, pero gracias a Dios que fue un desafío al valor, a la fe en el Señor y al amor a su santa causa, pues la obra no sólo se sostuvo, sino que progresó.

6. PERIODOS EPISCOPALES

En la primera Conferencia General fue electo al episcopado el Dr. Juan N. Pascoe cuyo período fue de gran importancia, ya que implicaba tareas como crear el sentimiento de unidad entre los Pastores y obreros del norte y del centro, y encauzar las actividades de evangelización, educación cristiana y mayordomía. Sabiendo que su ejercicio como obispo sentaba precedentes, procuró dirigir a la Iglesia con apego a la Disciplina. “Es cierto que en ocasiones tuvo que sufrir la sorda hostilidad y la abierta oposición de algunos elementos inconformes, mas él cumplió fielmente con su trabajo con toda actividad, energía y persistencia”. (Bodas de Diamante…Pág. 70).

El segundo período episcopal fue desempeñado bajo el título de Superintendente General por el presbítero Sixto Ávila Villalpando, electo en la Conferencia General reunida en Saltillo, en 1934. Su amabilidad, sencillez y gran capacidad de ganar amigos, le granjearon la simpatía de propios y extraños. Con su diligencia y atención a los múltiples aspectos de la obra y su atildada presentación personal, dignificó al ministerio. Su labor fue la de acercamiento, de comprensión y de consolidación de la Iglesia.

La III Conferencia General, reunida en Puebla de los Ángeles en 1938, eligió al presbítero Eleazar Guerra Olivares al cargo episcopal. Con él, la Iglesia cobró un nuevo ímpetu en todos sus frentes de trabajo, pues el nuevo obispo estaba lleno de planes y entusiasmo para el desarrollo de la obra. Creó el Plan de Avance que enfatizaba las actividades en tres puntos capitales: la evangelización, las finanzas y la extensión del campo Metodista. El mismo obispo Guerra, evangelista nato y entendido en negocios, fue el factor determinante en estos planes pues logró la afluencia de fondos especiales para realizarlos. Así se abrieron nuevos campos de predicación y se erigieron templos y casas Pastorales. Fue reelecto en 1942 (Monterrey) y en 1946 (Gante) para dichos períodos episcopales.

El obispo Guerra fomentó la cooperación de los laicos y organizó las Fraternidades de Hombres Metodistas. Estando en su tercer período episcopal, en 1948, tuvo lugar la celebración de las Bodas de Diamante del Metodismo, que tuvo el lema de Recordación, Afirmación y Acción, la que resultó un fausto acontecimiento. La VI Conferencia General, celebrada en 1950 en Torreón, Coahuila, reeligió como obispo al hermano Guerra. Sin embargo, durante ese cuadrienio, se creó inquietud y descontento en el seno de la Iglesia al surgir en algunos un fuerte sentimiento antirreeleccionista.

En la VII Conferencia General reunida en la Ciudad de México en 1954, no se alcanzó la mayoría de votos requerida para la elección de obispo después de 33 rondas de votaciones. Entonces surgió, en el ejercicio electoral, el nombre del presbítero Rolando Zapata Olivares, quien finalmente resultó electo. Conociendo las circunstancias que se habían creado tanto en el cuerpo ministerial, como en la Iglesia en general, presidió la obra con toda prudencia y sabiduría.

La VIII Conferencia General se reunió en la ciudad de Monterrey, N. L., en 1958 y eligió por quinta vez al Dr. Eleazar Guerra Olivares. Al iniciarse la reunión de la Conferencia Anual del Centro, inmediata a la Conferencia General, los partidarios de la no-reelección objetaron la investidura episcopal del presbítero Guerra, porque éste rehusó el rito de la consagración ordenado por la Disciplina, aduciendo que ya había sido consagrado obispo con anterioridad. Hubo repetidas pláticas de avenimiento entre los representantes respectivos, sin obtener ningún resultado positivo. Estaba en peligro la unidad de la Iglesia Metodista de México. Por esa razón, el obispo Rolando Zapata Olivares solicitó que vinieran en plan de conciliadores el obispo Richard C. Raines, el doctor James K. Mathews y el doctor James E. Ellis, secretario para la América Latina de la Junta de Misiones de la Iglesia Metodista de los Estados Unidos de Norteamérica.

Gracias a la participación de estos hermanos se llegó a un acuerdo a través del cual, cumpliéndose algunos requisitos por uno y otro grupo, la Iglesia continuó unida. Así el Dr. Eleazar Guerra Olivares ejercería el episcopado por última vez.

El presbítero Alejandro Ruiz Muñoz fue electo obispo en la Conferencia General de 1962, y entonces renació un espíritu de cooperación en todos los niveles de trabajo. Posteriormente fue reelecto por tres períodos consecutivos al episcopado. En este tiempo hubo logros importantes a nivel nacional: Se consolidó la obra en Baja California, Guadalajara, y Oaxaca; se aceptó trabajo en la sierra de Guerrero; se regularizó la Obra Institucional (en la actualidad es el Servicio Social); y se estableció un sistema de pensiones para los obreros tanto del campo ministerial como del institucional.

7. EL CENTENARIO

En 1973, la obra Metodista en la República Mexicana cumplió su primer Centenario. Este acontecimiento fue celebrado con un programa de actos especiales como cultos de recordación, avivamiento y acción de gracias. Se realizaron también eventos culturales y deportivos, incluyendo el traslado de una antorcha en manos de atletas Metodistas que corrieron a pie la ruta que siguió el primer misionero Metodista que llegó a nuestro país. Esta fue llevada desde el puerto de Veracruz hasta el histórico templo de La Santísima Trinidad en la ciudad de México, para encender el fuego inaugural de la magna celebración. Hubo conciertos de coros Metodistas nacionales y extranjeros, así como asistencia de  representantes de la Iglesia Metodista Unida (EE.UU.) y numerosos visitantes fraternales. Fue una celebración digna de un centenario.

8. NUEVAS ESTRUCTURAS

Buscando la manera de actualizar y agilizar el gobierno y administración de la Iglesia según las demandas de los tiempos modernos, en 1972 se convocó a una Conferencia General extraordinaria. En ella se reformó, en parte, la estructura orgánica de la Iglesia Metodista de México al establecer dos Áreas Episcopales, y autorizando a las respectivas Conferencias Anuales a elegir al obispo respectivo. Esto era un cambio radical en la estructura de la Iglesia Metodista de México. Desde ese entonces ya no se elegiría a los obispos en la Conferencia General (como una Iglesia a nivel nacional) sino en las respectivas Conferencias Anuales (como una Iglesia regionalizada).

La Conferencia Anual Fronteriza, reunida en el templo de El Mesías (Monterrey, N. L.), del 21 al 25 de julio de 1974, eligió como su obispo al presbítero Joel Mora Peña para el cuadrienio 1974-1978.

La Conferencia Anual del Centro, reunida en el Templo de El Divino Salvador (Pachuca, Hgo.), del 28 de julio al 1o. de agosto del mismo año, eligió al Dr. Alejandro Ruiz Muñoz como obispo del área del Centro para el cuadrienio citado.

Las Conferencias Anuales de 1978, celebradas respectivamente en el templo de La Santísima Trinidad (Gante 5, D. F.), y de La Trinidad (Monterrey, N. L.), otorgaron la responsabilidad episcopal al doctor Ulises Hernández Bautista para el área del Centro; y por segunda ocasión al presbítero Joel Mora Peña para el área del Norte.

En 1982, la Conferencia Anual del Centro, reunida en el templo Emmanuel (Puebla, Pue.), los días 28 de julio al 1o. de agosto, reeligió para el cargo de obispo al doctor Alejandro Ruiz Muñoz; y la Conferencia Anual Fronteriza, congregada en el templo de La Trinidad (Chihuahua, Chih.), los días 4 al 8 de agosto, eligió como su obispo al presbítero Miguel Hernández Sánchez.

Durante agosto de 1986, en el Templo de La Trinidad (Monterrey, N. L.), la Conferencia Anual Fronteriza reeligió como obispo al presbítero Miguel Hernández Sánchez; y en el templo de La Santísima Trinidad (Gante 5, D. F.) se eligió al presbítero Raúl Ruiz Ávila para la responsabilidad episcopal por la Conferencia Anual del Centro.

Dentro de esa nueva estructura, la XV Conferencia General autorizó la conformación de nuevas Conferencias Anuales. Con ello concluyó su existencia la Conferencia Anual del Centro en su LVII período de sesiones. Así, en dicha área, nació la Conferencia Anual del Sureste, la Conferencia Anual de México y la Conferencia Anual Septentrional.

En el caso de la Conferencia Anual Fronteriza, ésta concluyó su existencia dos años después con su LIX período de sesiones, dejando su lugar a las nacientes Conferencia Anual del Noroeste, Conferencia Anual Norcentral y Conferencia Anual Oriental.

La XVI Conferencia General, celebrada en el centro vacacional del IMSS en Metepec, Puebla en junio de 1990, aprobó la elección de un obispo para cada una de las  Conferencias Anuales.

Durante la celebración de las Conferencias Anuales inmediatas en julio de 1990, se eligieron a los presbíteros Daniel de la Cruz Aréizaga para la Conferencia Anual del Noroeste, a Baltazar González Carrillo para la Norcentral, y a Ricardo Esparza Zuno para la Oriental; y se reeligió a los presbíteros Raúl Ruiz Ávila en la Septentrional y a Ulises Hernández Bautista en la de México. Por su parte, la Conferencia Anual del Sureste postergó su ejercicio electoral hasta que estuviera en condiciones de elegir a su propio obispo y lograr la superación de algunas limitantes que consideró de capital importancia. Debido a ello, solicitó al Gabinete General la designación de un obispo que les brindara la atención episcopal, esta responsabilidad recayó en la persona del obispo Ulises Hernández Bautista.

Sin embargo, un año después, al celebrarse en julio la asamblea de la Conferencia Anual del Sureste, ésta consideró que estaba preparada y en condiciones de llevar a cabo la elección de su propio obispo. Esta elección se dio en la persona del presbítero Fidel Ramírez Sánchez.

En las Conferencias Anuales respectivas en el verano de 1994, fueron electos Obispo para la del Noroeste el Pbro. Antonio Aguiña Márquez, para la Norcentral es reelecto el Pbro. Baltazar González Carrillo, para la Oriental es reelecto el Pbro. Ricardo Esparza Zuno, para la septentrional es electo el Pbro. Octaviano Espinosa Fierro, para la del Sureste es reelecto el Pbro. Fidel Ramírez Sánchez y para la Conferencia Anual de México es electa la Pbra. Graciela Álvarez Delgado, convirtiéndose así en la primera mujer electa y consagrada Obispa en la América latina y el Caribe. Su elección, si bien es cierto despertó algunas inconformidades, las Iglesias Metodistas de México y América se congratularon por tal deferencia hacia una de las presbíteras con una larga trayectoria como Pastora, funcionaria y líder en la Conferencia Anual del Centro primero y después en la de México.

En este cuadrienio 1994-1998, el Obispo Baltazar González Carrillo por designación del Gabinete General y del Colegio de Obispos presidió ambos organismos, ello coadyuvó: 1) A la consolidación del trabajo de la Iglesia Metodista en sus seis Conferencias Anuales. 2) En una mayor coordinación del Servicio Social en el ámbito nacional a través del Organismo Multidisciplinario.  3) La Comisión Nacional de Programa asimismo elaboró: objetivos, metas y un calendario de actividades para su ejecución en todos los niveles, nacional, conferencial, distrital e iglesias locales. 4) La edición y publicación del órgano oficial El Evangelista Mexicano fue sistemática e ininterrumpida y mantuvo informadas a las iglesias de todo el país sobre los acuerdos oficiales y contuvo artículos de interés. La XVIII Conferencia General de la IMMAR se celebró en Pachuca, Hgo. Del 22 al 28 de mayo de 1998, bajo la presidencia de los obispos mencionados y en el marco de los 260 años de vida del Movimiento Metodista, iniciado en Inglaterra el 24 de mayo de 1738.

Los trabajos de la XVIII Conferencia General incluyeron tiempo para legislar y tiempo para programar, se decidió el lema para el cuadrienio 1998-2002 Cada metodista, un evangelista, se fijaron las metas: crecimiento a seis años del 150% en feligresía y 75% en nuevas iglesias, se elaboró el objetivo general “La Iglesia Metodista de México, A. R., extenderá el Reino de Dios mediante la proclamación del Evangelio y la afirmación de la Doctrina, haciendo de esto un estilo de vida, proyectado en crecimiento en feligresía y servicio a la comunidad”; y se dieron los lineamientos generales de trabajo para los siguientes cuatro años, con el lema, metas, objetivo y programa. La Conferencia General decidió que la persona que ocupara el cargo de Presidente Nacional de Programa fuera de tiempo completo, tal responsabilidad recayó en el Ing. Horacio Aguilar Madrid.

Con los elementos anteriores y una vez nombrados en las seis Conferencias Anuales de julio de 1998 los siguientes Pastores al cargo de Obispo: Pbro. Antonio Aguiña Márquez, reelecto para la del Noroeste y nombrado Presidente del Gabinete General; Pbro. Gabriel Lozada Valdez, electo para la Norcentral; Pbro. Raúl Rosas González, electo para la Oriental; Pbro. Isaías Ramos Corona, electo para la Septentrional; Pbra. Graciela Álvarez Delgado, reelecta para la de México y nombrada Presidenta del Colegio de Obispos; y Pbro. Enrique Flores Barrera para la del Sureste; la IMMAR se puso a trabajar en sus Organizaciones Oficiales, en sus seis Conferencias y en sus quince Distritos, así como en la totalidad de sus Iglesias Locales.

Obispos, Superintendentes, Pastores, funcionarios y pueblo metodista de México participaban tomando en cuenta un programa y lineamientos que venían del nivel nacional y pasaban por las Conferencias, los Distritos y los Subdistritos, llegando a cada uno de los Cargos Pastorales.

Se tuvieron seminarios de evangelización y discipulado en el país apoyados por CIEMAL y Evangelismo Mundial Metodista del Concilio Mundial Metodista; reuniones de diakonía con las instituciones de servicio social con el auxilio de la Junta General de Ministerio de la Iglesia Metodista Unida; talleres de educación cristiana, una magna celebración en mayo del 2000 donde se presentó un informe general de la marcha de la Iglesia a medio cuadrienio: se elaboró una credencial única para Pastores y funcionarios; y desde septiembre del 2001 se cuenta con la página oficial de la IMMAR en internet. Las organizaciones de intermedios y jóvenes, de mujeres y de varones realizaron talleres y concentraciones, congresos y asambleas, encuentros bíblicos, culturales y deportivos, destacando el I Encuentro Nacional de Mujeres Metodistas celebrado en Pachuca, Hgo., del 27 al 29 de abril del 2001 con la asistencia de 2500 personas, más de 2000 mujeres declarando ¡Victoria en Cristo Jesús! Se llevaron a cabo dos Encuentros Nacionales de Instituciones Metodistas de Servicio Social promovidos por el Organismo Multidisciplinario. Se incrementaron las relaciones internacionales al participar en noviembre de 1999 en el Evento del Milenio en Houston, Texas,  y en julio del 2001 en Brighton, Inglaterra en la Conferencia Mundial Metodista, ambos eventos promovidos por el Concilio Mundial Metodista. Se acompañó en su caminar a la Iglesia Evangélica Nacional Metodista Primitiva de Guatemala a solicitud de Ministerios Globales de la IMU. En octubre del 2001 la IMMAR fue sede del Taller para Obispos de CIEMAL.  Igualmente fue invitada a participar en la Conferencia General de la Iglesia Metodista Unida, de la Iglesia Metodista de Gran Bretaña, de la Iglesia Evangélica Metodista de Costa Rica, de la Iglesia Metodista en Cuba. En la XIX Conferencia General de la IMM, A. R. en mayo del 2002 celebrada en Chihuahua, Chih. Se consagró por el Dr. H. Eddie Fox, Director de Evangelismo Mundial Metodista del Concilio Mundial Metodista, el Nuevo Testamento y Salmos para compartir la fe, traducido al español, como una herramienta más para que el pueblo metodista trabaje en la evangelización y el discipulado, que es mandato de Jesucristo a todos sus discípulos.

 

No se alcanzaron las metas que fijó la Conferencia General, pero se avanzó. La Iglesia prosigue a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.

El 25 de enero de 2002 durmió en el Señor el Dr. Manuel V. Flores, hombre singular en la educación cristiana de México y Latinoamérica, entusiasta y juvenil, escritor prolífico, pintor, himnólogo, periodista y pastor. El Obispo Dr. Alejandro Ruiz Muñoz, paladín del Metodismo mexicano fue llamado por su Señor el 23 de julio de 2005. En el reconocimiento de que Dios nos acompaña y de Él es la historia; en septiembre de 2005 los metodistas celebramos los primeros 75 años de vida autónoma ya como Iglesia Metodista de México (1930 – 2005), nos dimos cita en el Templo de Gante Núm. 5. La fidelidad al Eterno bajo la dirección y poder del Espíritu Santo ha llevado a la IMMAR a continuar con el ministerio de la reconciliación del ser humano con el Creador. Del 19 al 27 de mayo de 2006 se celebró la XX Conferencia General en San Juan Acozac, Puebla, fecha en que se refrendó la doctrina Wesleyano – Metodista al adoptar el lema: “A 150 años del Metodismo en México, en Cristo, reformando la nación (1873 – 2023)”. En septiembre de 2006 la IMMAR fue sede de los trabajos de la Comisión Directiva de CIEMAL. Otra reunión que proclamó la unidad del Metodismo fue el Evento Anual de Obispos (as) y Presidentes de la Iglesia Metodista de América Latina y El Caribe celebrado en el Templo “La Santísima Trinidad” Gante 5, Centro Histórico del 28 de septiembre al 1 de octubre de 2006, testificando así, su unidad con el Metodismo de América Latina y el Caribe. La IMMAR refrenda que: “Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos…”.

9. RELACIONES

La Iglesia Metodista de México mantiene relaciones fraternales con Iglesias evangélicas del país, relaciones de miembro del Consejo de Iglesias Evangélicas Metodistas de América Latina (CIEMAL), el Concilio Mundial Metodista y el Consejo Mundial de Iglesias (en este último caso, la relación está suspendida provisionalmente por acuerdo de la XVII Conferencia General de 1994; acuerdo que fue ratificado por la XX Conferencia General de 2006). Su relación con la Iglesia Metodista Unida (EE.UU.), es cada vez más fraternal, más comprensiva y de más cooperación reteniendo su calidad de Iglesia Autónoma Afiliada.

10. ASOCIACIÓN RELIGIOSA

Debido a los cambios constitucionales del país publicados el 28 de enero de 1992, a la expedición de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público publicada el 15 de julio de 1992, y de acuerdo con la voluntad de la Segunda Conferencia General Extraordinaria celebrada en noviembre de 1992, en San Juan Acozac, Pue., se tomó la decisión de registrar a la Iglesia Metodista de México como Asociación Religiosa. Otorgado el registro constitutivo con el número SGAR/6/93, de fecha 19 de febrero de 1993, la ahora Iglesia Metodista de México, A. R., se ajusta a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, conforme a todos los derechos y obligaciones que ella le otorga y según se especifica más adelante en la Constitución, Legislación y Anexos del presente libro de la Disciplina.

11. CONSIDERACIONES FINALES

El Metodismo siempre ha creído que la única prueba infalible del carácter legítimo de cualquier rama de la Iglesia Cristiana, es su capacidad de buscar y salvar a los perdidos, de propagar el espíritu y la vida del Pentecostés, de extender la santidad bíblica sobre toda la tierra, y de transformar al mundo por el Evangelio de Cristo Jesús.

Siempre ha puesto su énfasis principal, no en las formas de la religión, sino en sus elementos esenciales. Cree que las diversas ramas de la Iglesia de Cristo pueden diferenciarse entre sí en ceremonias, en órdenes ministeriales y en gobierno e, incluso, concede a sus miembros libertad de elegir entre los varios modos de recibir el Bautismo y la Cena del Señor. Su culto ordinario no es litúrgico sino libre y espontáneo; pero para la administración de los sacramentos, la ordenación de Pastores, la bendición nupcial, la sepultura de los muertos y otros actos especiales, tiene un ritual, que en su mayor parte ha sido aceptado desde tiempos muy remotos por la Iglesia Universal.

El objeto de las reglas, ordenanzas, usos y costumbres del Metodismo es que, por medio de su aplicación y cumplimiento, la Iglesia pueda ejercer siempre y en todas partes su divina y original vocación de liderazgo en la predicación del evangelio; en ser pionera de toda saludable reforma; y en la promoción de las relaciones fraternales con todas las ramas de la única y verdadera Iglesia de Cristo. Así pues, la Iglesia Metodista de México, A. R., se declara hermana y colaboradora de todo grupo o institución cuya prioridad sea la proclamación y búsqueda de la redención del mundo entero por el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo.

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